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QUIENES SOMOS

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NOMINA
DE INTEGRANTES
SEGUNDO
SEMESTRE 2007
Liliana Díaz Mindurry
Patricia
Bence Castilla
Jimena Elizondo
Claudia Aleman
Julio Banfi
Agustina
Bazterrica
Matías Bolis Wilson
Carlos Carioli
Candelaria Frias
Rubén Luis González
Irma
Marc
Eugenio Pablo Polisky
Soledad San Emeterio
Susana Vilares
Adolfo Jack Zutel
Colaboradores: Marcelo
Barrionuevo |
NOMINA
DE INTEGRANTES PRIMER
SEMESTRE 2008
Julio Banfi
Agustina Bazterrica
Patricia Bence Castilla
Matías Bolis Wilson
Carlos Carioli
Liliana Díaz Mindurry
Jimena Elizondo
Irma Marc
Adriana
Billone
Eugenio Pablo Polisky
Soledad San Emeterio
Adolfo Jack Zutel |
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Los escritores y artistas de los Malos Ayres han nacido en diversos lugares terrestres, no solamente en Buenos Aires, que es una ciudad diurna, del mundo cotidiano, hasta ahora, capital de un cierto país que llaman Argentina en el cono sur. Malos Ayres es, en cambio, una ciudad lateral aunque también en el sur pero no de América sino en el Sur de todas las cosas visibles. Suponés bien. Nada tiene que ver con Buenos Aires, vive en los sueños de artistas, que aún sin conocerla, tienen contacto con ella. Si bien yo la descubrí en 1998, de golpe, con su nombre que aparecía y desaparecía en zonas de pesadilla o de fascinantes visiones y escribí “Ultimo tango en Malos Ayres”, por supuesto que existía previamente, y mucho antes de que yo naciera y de que vos nacieras. Es seguro que la viste, aunque no te acuerdes el nombre. En ella el tiempo es un abrir y cerrar de ojos: es siempre extranjera, se arrastra como una araña, trepa por las paredes, triste, siniestra, maravillosa con sus pasillos corriendo hacia abajo, sus espejos hundidos, la vibración del equívoco que supone, el adelgazamiento del universo. Algo de zumbido de locura hay en ella porque suele aparecer en las cornisas y en los bordes del mundo, al pie de los precipicios o en ese lugar donde uno se cae -aunque está con la cabeza en la almohada de alguna ciudad visible- de ese mundo que los infelices suponen ordenado, utilitario, con su ciberglobalizado, Internet y sus robots que se imaginan humanos. En semejante ciudad todo hace agua. No hay convicciones, las cosas son y dejan de ser a un mismo tiempo, caen todos los sistemas, esquiva todos los pensamientos, es fragmentaria, inestable, traicionera, brutal, es el corazón, el agujero del caos, la fuerza de la mentira, del malentendido, del mal-decir, transformado en bien-decir y belleza, lazo en la garganta, rabia y dulzura. Tal vez esta misma noche la veas y recuerdes lo que te digo al oído, me recuerdes a mí, a mis amigos, los que la cruzamos, valientes, olvidando nuestras creencias, valores, incómodos, felices de haber caído en sus pozos, desinstalando el orden. Es posible que sólo al apagar la luz, empiece a crecer en las paredes de tu casa.
Liliana Díaz Mindurry
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