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Primero
la música
Sólo
desde que el odio ciego te dispersó por el mundo
hemos
aprendido a oír y ser una boca para la naturaleza.
Sonetos a Orfeo
Rainer Maria Rilke
I
Sí,
claro que es tarde. Pero te lo tenía que contar. Es que lo
acabo de ver en las noticias. Estoy segura de que era él. No,
hoy fue un día de locos, esos días en que una no sabe qué
hacer. Vino gente nueva, la muchacha que limpia estaba
enferma, tuve que limpiar yo misma las habitaciones. ¿Cómo?
No, hace meses que ya no vivía aquí. Desde eso que pasó con
la chica. Pobre muchacho, era bueno. Sí, un poco desordenado,
así son los jóvenes. Y cuando trajo a esa chica. A mí no me
gustan esas cosas, será cosa de la edad, pero en mi época
era diferente. Sí, claro que los tiempos cambian. En fin, esa
chica. Pobrecita, pero también se la buscó, desfachatada que
era. ¿Cómo? No, él no, al menos no creo. En mi pensión,
nunca, porque si me llegaba a enterar, los echaba ahí mismo.
No, él era distinto, como de otro mundo. No sé realmente de
dónde vino, de las provincias, creo. Decían que había hecho
algún viaje importante en barco, uno de esos grandes, tocando
música. ¡Cómo tocaba ese muchacho! No, no, él tenía su
propio piano, uno de esos eléctricos, pero a veces me pedía
permiso para tocar el piano en la sala, y no se lo negaba, cómo
iba a hacerlo. Y la casa se llenaba de música, sí, como en
los viejos tiempos, cuando aún vivía mamá, que en paz
descanse. Claro que mamá tocaba bien, daba clases en una época,
pero no, no tocaba como él. Cuando él tocaba me daban ganas
de sentarme a tejer y escucharlo, de amasar el pan o la pasta
para el almuerzo del domingo, de poner en orden todas las
viejas fotografías en los álbumes, de llorar por todo lo que
no fue, por todo lo que siempre quise. Se iluminaba la casa,
hasta el canario cantaba, el pobre que hace años que no abre
el pico. ¿Qué? Sí, siempre pagaba a tiempo. Bueno, no
siempre, pero era músico, a veces no tenía dinero, pero
desde que conoció a la chica, mejoró. ¿Ella? En un negocio,
creo. Jovencita. Ya lo creo, las chicas de hoy en día. No, él
no. Esa música moderna, ésa que les gusta a los jóvenes. Sí,
en un grupo. Qué sé yo, habrán sido cuatro, cinco. Siempre
los mismos, creo. Para mí son todos iguales esos muchachos de
ahora, con esos pelos y esos tatuajes. No, nunca los dejé
entrar, no quería demasiada confianza. Ah, no sé. No soy de
ésas que se meten en la vida de los demás. Es que los músicos
tienen otra vida. Llegaba tarde, y se levantaba tarde.
Desayunaba y almorzaba todo al mismo tiempo. Después alguien
lo venía a buscar y se iban a tocar a algún lado, o tal vez
a ensayar, supongo. Y yo no me quedaba a conversar, con todo
lo que tenía que hacer. Sí, la muchacha me ayuda, claro,
aunque cuando está enferma como hoy, me las tengo que
arreglar sola. Y las compras siempre las hago yo. Sino, el
sinvergüenza del carnicero le vendería cualquier cosa. Sí,
claro que es tarde. Pero estoy segura de que era él. Estaba
ahí mismo, en el noticioso de la noche. No, dicen que no
saben. La foto la pasaron demasiado rápido. Pero era un músico,
eso seguro. Y había grabado discos. Sí, claro que grabó.
No, después. Después de que ya se había ido de aquí. Después
de lo de la chica. Pobrecita, no se lo merecía, tan
jovencita. Y ahora él, que Dios lo tenga en su gloria. Quién
lo creería. Tan joven. Primero la música, siempre decía.
Primero la música. ¡Y esa música! Recuerdo su sonrisa, un
poco caída, y esa mirada como de otro mundo. Pero lo que más
recuerdo son sus manos. Esos dedos largos, apoyados en el
teclado. Y cuando tocaba el piano de la sala, qué belleza. Oía
todo como si fuera la primera vez. ¡Cuántos recuerdos! ¡Cuánta
música!
II
Tome asiento, ya estoy con usted. Espere que le aviso a
la secretaria que no interrumpa lo nuestro. ¿De qué revista
dijo que venía?
Ah, cierto, lo tenía anotado aquí en la agenda electrónica.
Es que a veces, ni la tecnología de punta sirve si no se la
usa bien.
¿Le puedo ofrecer algo? ¿Un vaso de agua? ¿Un café?
¿Un whisky? Tengo del mejor. Aquí todo es de lo mejor. De
primera.
Ah, sí, entiendo. Cuando trabaja... Entonces, no
quiere nada. Bueno, como quiera. Comencemos.
Como bien sabe, soy productor artístico, lo inicié en
su carrera como solista, le produje los tres discos.
Sí, por supuesto. Le planeaba una gira internacional
para mediados del año que viene.
Y también hablábamos de alguna película, pero esta
tragedia puso fin a todos nuestros proyectos.
¿Segura que no quiere nada?
Como quiera. Sigamos.
Bueno, lo conocí poco antes de la muerte de la
muchacha. A ella no la llegué a conocer, la habré visto un
par de veces. No hay dudas de que fue un accidente; no sé por
qué en los medios se insinúa otra cosa.
No, no, por supuesto, no lo digo por usted. Usted tiene
clase, eso se nota a simple vista. Y hablando de vista, acérquese,
aquí, a la ventana. Toda la ciudad a nuestros pies. Si le
molesta el reflejo, puedo cerrar las cortinas. Y ya que nos
hemos parado, ¿no prefiere que nos sentemos en el sofá?
Estaríamos más cómodos.
Como quiera. Sigamos. ¿Dónde habíamos quedado? Ah, sí.
La muerte de la muchacha.
¿Él? Quedó destruido. Pero sepa que para un gran
artista, la tragedia personal se supera a través del arte. Yo
lo apoyé para que así fuera, y él dedicó todas sus fuerzas
a la música. Primero la música, es lo que siempre decía.
Confié en su talento desde un principio. No olvide que
soy productor; tengo experiencia en ver la promesa de un
artista. Y como puede ver a su alrededor, no me equivoco fácilmente.
¿Mi relación con él? Y bueno, siempre estuve a su
lado, durante toda su trayectoria. Incluso, le preparé una
habitación en mi casa, con todo a su disposición. Lo más
moderno en tecnología, lo máximo en lujo y comodidad, la
dedicación exclusiva de mi personal. Y sí, cuido bien a mis
artistas. A todos los que me rodean.
¿Qué más le puedo decir sobre su música que aún no
se haya dicho? Era un gran talento, el más grande quizás.
Nos enseñó a oír lo que antes no oíamos. Y próximamente,
voy a reeditar los discos en una caja promocional. Antes de
fin de año, sale a la venta una biografía, la única oficial
y autorizada. Estamos por preparar un documental sobre su vida
y su música. Haré todo lo posible para que nadie lo olvide.
¿Su música? Su música era extraordinaria. Compleja y
directa al mismo tiempo. Gustaba a todos. Hemos perdido a un
grande.
¿Mi opinión personal? A mí, su música me conmovía.
Después de la muerte de la muchacha, cuando él no tenía
consuelo, cuando le ofrecí mi casa, solía tocar el piano,
tengo un gran piano de cola en el salón principal, con vista
a los jardines, y él se sentaba y tocaba por horas, una música
que hubiera querido grabar, pero que por alguna razón no me
atrevía, una música personal, desgarradora, una música de pérdida
irrecuperable. Si hubiera podido, si hubiera estado en mis
manos, hubiera hecho todo lo posible para que ella regresara a
la vida...sé que es absurdo, no tiene sentido...y no sé por
qué lo siento así, pero lo hubiera hecho...aunque él no
tocara más música, aunque me perjudicara comercialmente,
aunque... Esto último prefiero que no lo publique.
III
Ya
sé. Fue estúpido, innecesario, un error. Ya sé. Pero estaba
siempre sola, ¿entendés? Ahora sí que es fácil pensar y
querer que las cosas fueran distintas. Pero en ese momento,
las cosas eran así. Claro que me querías. Ya sé. Me querías,
sí, y ya sé que tu música surgía de nuestro amor, y todo
eso. Pero date cuenta de
que estaba siempre sola. Trabajaba todo el día en ese negocio
inmundo, y mientras tanto dormías, y después a veces pasabas
a saludarme en el negocio, pero ya te estabas yendo a un
ensayo, a improvisar con los otros. ¿Y a la noche? Casi nunca
estabas en casa. Ya sé. Así es tu trabajo. Pero yo estaba
siempre sola. Sola, ¿entendés? Y los fines de semana, es
cuando más trabajabas. Los viernes a la noche, los sábados.
Ya sé. Pero yo quería una vida más normal. Una vida como la
de las otras parejas. Una vida en que los fines de semana
estuviéramos juntos. Sí, ya sé. Estábamos juntos esas
noches. Pero juntos en los bares, juntos entre toda la gente,
y los aplausos, y la música. Ya sé. Lo supe desde el
principio. Tu música era lo más importante. Yo también, por
supuesto. Pero en primer lugar la música. Primero la música.
Me lo dijiste mil veces. ¿Pero a mí de qué me servía estar
dentro de tu música, cuando estaba siempre sola? ¿Entendés?
Sola. Sí, sí, ya sé, ya sé. Pero tal vez no pude esperar
hasta ese día, no pude. Fue una estupidez, pero me sentía
sola. Ya sé. Era tu gran oportunidad. Y me alegraba. Pero
estaba sola, y vos estabas trabajando y no quería ser un
estorbo. Ya sé. Ya sé que nunca fui un estorbo, que formaba
parte de tu música. Pero necesitaba estar con alguien, sentir
que alguien me viera. Ya sé, ya sé, que me veías. Pero me
veías a tu modo. En tu música. Y yo quería algo más que música,
quería conversar, quería compartir, quería reírme, quería
que me vieran. Estaba sola, ¿entendés? Ya sé. Fue un error.
Y yo también hubiera preferido otra cosa, que no hubiese
ocurrido así. Pero así fue. Es lo que pasó. Ya sé. Ya sé.
Pero hacía tanto que no me veías. Hacía tanto que no me
mirabas. Y ahora es igual. Ni siquiera me estás mirando
ahora. Ni siquiera te das vuelta para mirarme a los ojos, para
verme. Ya sé. Hay que seguir adelante. Pero necesito que me
mires. Necesito que me veas. No, no lo sé. ¿No ves que
incluso ahora, incluso ahora estoy sola? Incluso ahora,
caminando detrás tuyo, como una sombra. Siempre sola. ¿Entendés?
Siempre sola. Necesito que me veas. Necesito que me mires.
Ahora.
IV
Los
hechos son claros. Estamos investigando el homicidio de un
sujeto masculino.
La
última vez que se vio a la víctima con vida fue a la salida
del teatro, donde llevó a cabo un recital. A la salida del
recinto, fue interceptado por una gran cantidad de femeninos,
aparentemente buscando una firma, un autógrafo.
Se
registró una escena en la cual desapareció el sujeto, entre
gritos y manotazos que violentaron el cordón de seguridad. En
un momento inicial, no pudimos contener a este grupo de
personas. Finalmente, cumpliendo con nuestro deber, logramos
contenerlo, pero la víctima ya había desaparecido y muchas
de las personas que lo esperaban también.
Días
después, se encontraron a lo largo de la ciudad los miembros
descuartizados de la víctima. Recién esta mañana, dimos con
su cabeza que flotaba en el río. La gente que la encontró
dice que se oía la música, primero la música, dicen, como
si fuera un hechizo. Siempre hay rumores de este tipo en casos
como éste, y luego se determinó que era simplemente una señorita
que escuchaba la música de la víctima en las inmediaciones
del río.
Tengan
la certeza de que el fiscal ya tomó intervención. Vamos a
llegar al fondo de los hechos. Vamos a conocer la verdad.
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