Eugenio Pablo Polisky

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Nació en EE.UU. y creció en la República Argentina. Ha vivido en EE.UU., Argentina y Europa, donde ha trabajado como traductor. Participa de los talleres literarios de Liliana Díaz Mindurry, así como del Café Literario de Buenos Aires. Obtuvo menciones especiales, tanto en la modalidad de poesía como de narrativa, en el I Certamen Literario Jirones de Azul, en Sevilla, España, siendo publicadas ambas obras en la antología “Con buenas palabras", en el mes de mayo de 2006. También en 2006, fue finalista del II Certamen de Poesía de Editorial Ábaco, en Madrid, España, y el poema galardonado fue publicado en la antología “Silencios de hielo y papel" en enero de 2007.

Poemas y Cuentos publicados en Antologías

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Primero la música

 

Sólo desde que el odio ciego te dispersó por el mundo

hemos aprendido a oír y ser una boca para la naturaleza.

Sonetos a Orfeo                Rainer Maria Rilke

I

Sí, claro que es tarde. Pero te lo tenía que contar. Es que lo acabo de ver en las noticias. Estoy segura de que era él. No, hoy fue un día de locos, esos días en que una no sabe qué hacer. Vino gente nueva, la muchacha que limpia estaba enferma, tuve que limpiar yo misma las habitaciones. ¿Cómo? No, hace meses que ya no vivía aquí. Desde eso que pasó con la chica. Pobre muchacho, era bueno. Sí, un poco desordenado, así son los jóvenes. Y cuando trajo a esa chica. A mí no me gustan esas cosas, será cosa de la edad, pero en mi época era diferente. Sí, claro que los tiempos cambian. En fin, esa chica. Pobrecita, pero también se la buscó, desfachatada que era. ¿Cómo? No, él no, al menos no creo. En mi pensión, nunca, porque si me llegaba a enterar, los echaba ahí mismo. No, él era distinto, como de otro mundo. No sé realmente de dónde vino, de las provincias, creo. Decían que había hecho algún viaje importante en barco, uno de esos grandes, tocando música. ¡Cómo tocaba ese muchacho! No, no, él tenía su propio piano, uno de esos eléctricos, pero a veces me pedía permiso para tocar el piano en la sala, y no se lo negaba, cómo iba a hacerlo. Y la casa se llenaba de música, sí, como en los viejos tiempos, cuando aún vivía mamá, que en paz descanse. Claro que mamá tocaba bien, daba clases en una época, pero no, no tocaba como él. Cuando él tocaba me daban ganas de sentarme a tejer y escucharlo, de amasar el pan o la pasta para el almuerzo del domingo, de poner en orden todas las viejas fotografías en los álbumes, de llorar por todo lo que no fue, por todo lo que siempre quise. Se iluminaba la casa, hasta el canario cantaba, el pobre que hace años que no abre el pico. ¿Qué? Sí, siempre pagaba a tiempo. Bueno, no siempre, pero era músico, a veces no tenía dinero, pero desde que conoció a la chica, mejoró. ¿Ella? En un negocio, creo. Jovencita. Ya lo creo, las chicas de hoy en día. No, él no. Esa música moderna, ésa que les gusta a los jóvenes. Sí, en un grupo. Qué sé yo, habrán sido cuatro, cinco. Siempre los mismos, creo. Para mí son todos iguales esos muchachos de ahora, con esos pelos y esos tatuajes. No, nunca los dejé entrar, no quería demasiada confianza. Ah, no sé. No soy de ésas que se meten en la vida de los demás. Es que los músicos tienen otra vida. Llegaba tarde, y se levantaba tarde. Desayunaba y almorzaba todo al mismo tiempo. Después alguien lo venía a buscar y se iban a tocar a algún lado, o tal vez a ensayar, supongo. Y yo no me quedaba a conversar, con todo lo que tenía que hacer. Sí, la muchacha me ayuda, claro, aunque cuando está enferma como hoy, me las tengo que arreglar sola. Y las compras siempre las hago yo. Sino, el sinvergüenza del carnicero le vendería cualquier cosa. Sí, claro que es tarde. Pero estoy segura de que era él. Estaba ahí mismo, en el noticioso de la noche. No, dicen que no saben. La foto la pasaron demasiado rápido. Pero era un músico, eso seguro. Y había grabado discos. Sí, claro que grabó. No, después. Después de que ya se había ido de aquí. Después de lo de la chica. Pobrecita, no se lo merecía, tan jovencita. Y ahora él, que Dios lo tenga en su gloria. Quién lo creería. Tan joven. Primero la música, siempre decía. Primero la música. ¡Y esa música! Recuerdo su sonrisa, un poco caída, y esa mirada como de otro mundo. Pero lo que más recuerdo son sus manos. Esos dedos largos, apoyados en el teclado. Y cuando tocaba el piano de la sala, qué belleza. Oía todo como si fuera la primera vez. ¡Cuántos recuerdos! ¡Cuánta música!

II

            Tome asiento, ya estoy con usted. Espere que le aviso a la secretaria que no interrumpa lo nuestro. ¿De qué revista dijo que venía?

            Ah, cierto, lo tenía anotado aquí en la agenda electrónica. Es que a veces, ni la tecnología de punta sirve si no se la usa bien.

            ¿Le puedo ofrecer algo? ¿Un vaso de agua? ¿Un café? ¿Un whisky? Tengo del mejor. Aquí todo es de lo mejor. De primera.

            Ah, sí, entiendo. Cuando trabaja... Entonces, no quiere nada. Bueno, como quiera. Comencemos.

            Como bien sabe, soy productor artístico, lo inicié en su carrera como solista, le produje los tres discos.

            Sí, por supuesto. Le planeaba una gira internacional para mediados del año que viene.  Y también hablábamos de alguna película, pero esta tragedia puso fin a todos nuestros proyectos.

            ¿Segura que no quiere nada?

            Como quiera. Sigamos.

            Bueno, lo conocí poco antes de la muerte de la muchacha. A ella no la llegué a conocer, la habré visto un par de veces. No hay dudas de que fue un accidente; no sé por qué en los medios se insinúa otra cosa.

            No, no, por supuesto, no lo digo por usted. Usted tiene clase, eso se nota a simple vista. Y hablando de vista, acérquese, aquí, a la ventana. Toda la ciudad a nuestros pies. Si le molesta el reflejo, puedo cerrar las cortinas. Y ya que nos hemos parado, ¿no prefiere que nos sentemos en el sofá? Estaríamos más cómodos.

            Como quiera. Sigamos. ¿Dónde habíamos quedado? Ah, sí. La muerte de la muchacha.

            ¿Él? Quedó destruido. Pero sepa que para un gran artista, la tragedia personal se supera a través del arte. Yo lo apoyé para que así fuera, y él dedicó todas sus fuerzas a la música. Primero la música, es lo que siempre decía.

            Confié en su talento desde un principio. No olvide que soy productor; tengo experiencia en ver la promesa de un artista. Y como puede ver a su alrededor, no me equivoco fácilmente.

            ¿Mi relación con él? Y bueno, siempre estuve a su lado, durante toda su trayectoria. Incluso, le preparé una habitación en mi casa, con todo a su disposición. Lo más moderno en tecnología, lo máximo en lujo y comodidad, la dedicación exclusiva de mi personal. Y sí, cuido bien a mis artistas. A todos los que me rodean.

            ¿Qué más le puedo decir sobre su música que aún no se haya dicho? Era un gran talento, el más grande quizás. Nos enseñó a oír lo que antes no oíamos. Y próximamente, voy a reeditar los discos en una caja promocional. Antes de fin de año, sale a la venta una biografía, la única oficial y autorizada. Estamos por preparar un documental sobre su vida y su música. Haré todo lo posible para que nadie lo olvide.

            ¿Su música? Su música era extraordinaria. Compleja y directa al mismo tiempo. Gustaba a todos. Hemos perdido a un grande.

            ¿Mi opinión personal? A mí, su música me conmovía. Después de la muerte de la muchacha, cuando él no tenía consuelo, cuando le ofrecí mi casa, solía tocar el piano, tengo un gran piano de cola en el salón principal, con vista a los jardines, y él se sentaba y tocaba por horas, una música que hubiera querido grabar, pero que por alguna razón no me atrevía, una música personal, desgarradora, una música de pérdida irrecuperable. Si hubiera podido, si hubiera estado en mis manos, hubiera hecho todo lo posible para que ella regresara a la vida...sé que es absurdo, no tiene sentido...y no sé por qué lo siento así, pero lo hubiera hecho...aunque él no tocara más música, aunque me perjudicara comercialmente, aunque... Esto último prefiero que no lo publique.

III

Ya sé. Fue estúpido, innecesario, un error. Ya sé. Pero estaba siempre sola, ¿entendés? Ahora sí que es fácil pensar y querer que las cosas fueran distintas. Pero en ese momento, las cosas eran así. Claro que me querías. Ya sé. Me querías, sí, y ya sé que tu música surgía de nuestro amor, y todo eso. Pero date cuenta de que estaba siempre sola. Trabajaba todo el día en ese negocio inmundo, y mientras tanto dormías, y después a veces pasabas a saludarme en el negocio, pero ya te estabas yendo a un ensayo, a improvisar con los otros. ¿Y a la noche? Casi nunca estabas en casa. Ya sé. Así es tu trabajo. Pero yo estaba siempre sola. Sola, ¿entendés? Y los fines de semana, es cuando más trabajabas. Los viernes a la noche, los sábados. Ya sé. Pero yo quería una vida más normal. Una vida como la de las otras parejas. Una vida en que los fines de semana estuviéramos juntos. Sí, ya sé. Estábamos juntos esas noches. Pero juntos en los bares, juntos entre toda la gente, y los aplausos, y la música. Ya sé. Lo supe desde el principio. Tu música era lo más importante. Yo también, por supuesto. Pero en primer lugar la música. Primero la música. Me lo dijiste mil veces. ¿Pero a mí de qué me servía estar dentro de tu música, cuando estaba siempre sola? ¿Entendés? Sola. Sí, sí, ya sé, ya sé. Pero tal vez no pude esperar hasta ese día, no pude. Fue una estupidez, pero me sentía sola. Ya sé. Era tu gran oportunidad. Y me alegraba. Pero estaba sola, y vos estabas trabajando y no quería ser un estorbo. Ya sé. Ya sé que nunca fui un estorbo, que formaba parte de tu música. Pero necesitaba estar con alguien, sentir que alguien me viera. Ya sé, ya sé, que me veías. Pero me veías a tu modo. En tu música. Y yo quería algo más que música, quería conversar, quería compartir, quería reírme, quería que me vieran. Estaba sola, ¿entendés? Ya sé. Fue un error. Y yo también hubiera preferido otra cosa, que no hubiese ocurrido así. Pero así fue. Es lo que pasó. Ya sé. Ya sé. Pero hacía tanto que no me veías. Hacía tanto que no me mirabas. Y ahora es igual. Ni siquiera me estás mirando ahora. Ni siquiera te das vuelta para mirarme a los ojos, para verme. Ya sé. Hay que seguir adelante. Pero necesito que me mires. Necesito que me veas. No, no lo sé. ¿No ves que incluso ahora, incluso ahora estoy sola? Incluso ahora, caminando detrás tuyo, como una sombra. Siempre sola. ¿Entendés? Siempre sola. Necesito que me veas. Necesito que me mires. Ahora.

IV

Los hechos son claros. Estamos investigando el homicidio de un sujeto masculino.

 

La última vez que se vio a la víctima con vida fue a la salida del teatro, donde llevó a cabo un recital. A la salida del recinto, fue interceptado por una gran cantidad de femeninos, aparentemente buscando una firma, un autógrafo.

 

Se registró una escena en la cual desapareció el sujeto, entre gritos y manotazos que violentaron el cordón de seguridad. En un momento inicial, no pudimos contener a este grupo de personas. Finalmente, cumpliendo con nuestro deber, logramos contenerlo, pero la víctima ya había desaparecido y muchas de las personas que lo esperaban también.

 

Días después, se encontraron a lo largo de la ciudad los miembros descuartizados de la víctima. Recién esta mañana, dimos con su cabeza que flotaba en el río. La gente que la encontró dice que se oía la música, primero la música, dicen, como si fuera un hechizo. Siempre hay rumores de este tipo en casos como éste, y luego se determinó que era simplemente una señorita que escuchaba la música de la víctima en las inmediaciones del río.

 

Tengan la certeza de que el fiscal ya tomó intervención. Vamos a llegar al fondo de los hechos. Vamos a conocer la verdad.