POESIA

    

 

Desgracia Eléctrica

Mi viejo es todo electricidad

Electricidad sorda que comunica
                            en su odio y su oído

Es su dentadura
                          perfecta y postiza

Es la desgracia hecha picana en sus encías



Todo

Yo, gordo dios mezquino
dios idiota perfumado de tumba
vulva todopoderosa
maldad disgregada
santo idiota de los gordos
pila de bondades profanas
santa vulva de los idiotas mezquinos



Mezclando Carmela

A través de la tela
dentro de la cabeza
podría moverme

Entraría quizás
hablando fuerte
antes de misa

Me figuraba que
atravesando un dolor
podría moverme

Tenía algo roto
un olor de tela cruda
misa dentro de la cabeza

                                                  Julio Banfi

  EL CHARCO DE LÁGRIMAS



Yo le hablo, pero mis palabras ya no surten efecto,

se oyen como leídas por la voz de una ahogada,

hablo para que me oiga, como si Ella oyese.

Fui tras Ella a la comarca de las Mujeres Mudas,

usando una sombra como polvo enmudecedor para vocecitas

de la penumbra. Caí en un charco de lágrimas y Ella dijo:

¡Oh, ratón!, ¿sabes cómo salir de este charco? Estoy muy cansada

de estar nadando por aquí. ¡Oh, ratón!

Se oyó decir:

                     Toda habla es falsa y, como tú, cae.

Con un relampagueo de agujas tembló mi voz depositada

a sus pies como una ofrenda .

Toda mi vida es algo que jamás comprenderás, 

grité desde la orilla del charco.

Ella pareció comprender 

y haciéndome esperar la noche

soltó mi voz que ardía 

dando vueltas con el movimiento de las sombras. 
 
                                                Irma Elena Marc
 
Algo


Es algo roto lo que golpea las palabras, como una cáscara suelta, como una mañana en los ojos, como eso que detrás golpea los dóndes y no imagina ni un pequeño apenas enredado en cualquier rincón, es eso que muerde desde noche las sobras y donde no habla en el apenas en todo lo pequeño que titubea, es de miga un ruido entre las palabras que sombra los dichos, es soltar el del llanto los pasos apresurados entre pisoteando la mañana, y es de pan la muerte entre el hueco de las palabras.
Es algo roto eso en el golpea, un pedazo suelto de vos, una cáscara en el apenas de la noche.

                                                    Carlos Carioli




Ahora es apenas

Ahora apenas el retorcerse de algo me amarilla los ojos que recorden la ausencia de la eterna repetida, la caminada otra vez la que se aparece alrededor, la siempre sentada en ausencia de abrazo sol en la triste de párpados, ahora apenas no está en la muda mañana y dice algo, siempre algo, y reversada se esconde mientras la texto incolora desde balbuceos mudados, y sabe que la escribo en las prisas, y sabe que la espero en las apenas, y sabe que la miro en los dondes y sabe que la hablo en las todas partes.

                                                Carlos Carioli

  Deja vu

Derruida sobre la ruta, arqueada, 
sin piel
espera.
toda ella es una tortuga 
sin caparazón.


El invierno tose, mueve sus manos de árbol
Y hace señas.
La neblina la borra.
El asfalto se la traga,
como el oso cuando encuentra 
su plato de sopa.

No hay zanja,
ni zorros, 
ni hormigas. 

Cemento y cal. 

Los párpados automáticos,
robóticos 
lloran sobre el pecho
un corazón de juguete.

Las paredes circulares miran 
al pájaro ciego chocarse 
y caer.

Una rosa en una jaula me llama. 
Meto la mano,
la acaricio
me envenena, y se vuelve 
pájaro
muerto.

Una igual a mí, asoma su cara 
blanca 
y sus rizos rubios
a través de la baranda 
metálica.

Se ríe y dice que ella 
es yo. 

Candelaria Frías

Sentir 

Mis raíces son pájaros.. él vive de morirse
Cardona
Esa mañana que pude sentir en mí el otoño
Bernhard


pude sentir los pájaros
hacía nido la vida de morirse
pudo sentir esa mañana antes de morir que no moría de muerte
él vivía de morir como cada mañana que era otoño pudo sentir la vida de lo muerto
eso que muere cada mañana cuando llega el otoño entre los pájaros sin ver que él vive de morirse
esa vida que otoño nidos raíces pájaros vida mañana muerte

pudo sentir los pájaros como caía cada hoja de su cuerpo y cantaban la hojas
que morir es un trabajo necesario 
pudo sentir las hojas como las hojas sienten y caen los pájaros 
y las raíces forman cada mañana de pájaros otoño muerte raíces 
esas raíces que forman lo que brota de las hojas

pudo sentir los pájaros de otoño ésos pájaros que caen de las raíces de la vida
esa vida que muere cada mañana 
cuando la mañana o la vida y llega el otoño y busca cada pájaro

esa raíz que es nido de la memoria

que en él 

forman los pájaros

                                                                                                                        Adolfo Jack Zutel
 

Micidio

En mi oscuridad,
el color negro es un rayo de sol.

En mi oscuridad,
suelo dejar de llamarme.

No es una oscuridad de ojos, 
{es una oscuridad de otros. 
¿Qué hacer cuando no hay otros?

Otros, como aquellos en los que soy.
Otros, como quienes saben desear. 

No es una ausencia del deseo,
{es una ausencia del saber desear. 

O quizás.

En la oscuridad de los otros,
cuando el color negro es un rayo de sol,
cuando suelo dejar de llamarme,
mi deseo es blanco como la noche.


                 Rubén Luis González


es pan

en la panera con galletas y grisines: un pan..
un pan que duerme en la inocencia del
mimbre y de las migas
su cuerpo blanco y blando de harina agua
aire envuelto en la panacea del sueño
un pan aletargado en su esencia panina
en la panitud de su pansamiento: un pan

un pan que una mano toma y enchufa
pan enchufado
pan electrificado
pan exaltado
es pan: espanto

abre los ojos pantera: espanto

en el panal, es la colmena de las migas
zumba eléctrico un pan devorador

ojos de pánfilo; no, de panático

apanadora que derriba copas y manteles
no es un pan de dios
es pan: espanto

pankenstein electrificado
en la mesa pantagruélica
infierno pantesco de panzadas
pandillas de panes electrificados
de mesa en mesa
ojos enchufados de champán
pandora en pánico

es pan: espanto

un cuchillo con manteca lo empantana
despanzurrado el pan aletea su rendición
otros ojos otras bocas lo devoran
espanto



                             Eugenio Pablo Polisky