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La obra de Matta nos invita, como en una vigilia, a deslizarnos en un estado de pura contemplación reflexiva donde el espacio se multiplica y los planos curvilíneos flotan exasperantes y diáfanos. Pero el impacto no es simplemente estético. A partir del universo de formas insólitas uno puede conectarse con los mensajes contundentes que Matta quiere comunicarnos: el raciocinio arquitectónico, el vértigo de la guerra, el escándalo como herramienta para lograr una conciencia social, el automatismo de la máquina, la irracionalidad de los sueños, el sexo rotundo, el azar, el tiempo y el espacio conjugados en un fluir que aparentemente nunca se detiene.
“El arte consiste en dar un sentido de gran profundidad espacial, sin casi nada. La vivacidad más resplandeciente del color viene dada por el polvillo de las alas de la mariposa” Esta frase de Matta resume dos aspectos primordiales de la obra X-Space and the Ego. El espacio y el color difuminado, generoso. Que no son los únicos recursos a que apela el autor, claro, pero son elementos integrales que impactan profundamente en el momento en el que uno se para frente a la obra.
X-Space and the Ego estaría enmarcada dentro de la morfología de Eros que se expresa por “vaginas que gritan y lenguas erectas que se comportan como falos que hablan. Los dientes rechinan y labios que se contorsionan, traspasados de gozo y placer. Esta es la morfología que nos muestra, como en un catálogo, el onanismo, la sodomía, el sadomasoquismo, la copulación en grupos y la autoflagelación.”
En este trabajo Matta escenifica diversas morfologías. Descubrimos el ágata encerrada en las manos del personaje ubicado en el centro que sostiene una superficie sólida y gaseosa, semejante a un cristal acuoso. En el rectángulo negro del centro-izquierda y en las bandas lineales que desafían la gravedad se trasluce la morfología del vértigo que genera espacios que se abren hacia la nada, se curvan, se quiebran, se autoedifican como grandes recintos que nos invitan al vacío. Las dos figuras de la derecha representan claramente la morfología del hombre escándalo donde las víctimas y los verdugos son sinónimos de la guerra, la violencia, la tortura.
A pesar del caos que se vislumbra en X-Space and the Ego es inevitable sentir una fuerte atracción por su solidez. Este equilibrio está dado por el trabajo del color y los planos que construyen profundidades y espacios que invocan el microcosmos interno del hombre repleto de deseos, contradicciones, lentitud, temores, placeres, violencia, perfección y el macrocosmos de la galaxia que sugiere la infinidad y remite en forma recursiva al misterio del ser humano.
Dejando el plano argumental, que dialoga con la estética, se entra en el profundo campo de la fuerza de la resolución formal, del uso del espacio y de los guiños al espectador para que él complete y estructure la obra.
Se hace evidente la apelación a un plano espiritual en el cuadrado evanescente, en su negrura, la unidad mordaz de figuras estilizadas que deben ser adivinadas más que comprendidas, las extrañas medusas sexuadas, irónicas posturas de un erotismo profundo y despojado.
Toda la propuesta de X-Space and the Ego puede ser considerada políticamente incorrecta, y por lo mismo, esclarecedora y maravillosamente apropiada para sociedades que reniegan del placer en su expresión más pura y aceptan la violencia descarada y brutal como una faceta de lo humano genérico.
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