Acerca del dragón y sus falacias

 

 

El dragón occidental, a diferencia del benéfico e ingenioso dragón chino (poder de la sabiduría) es una suma de todos los males, la personificación del mismo Mal, entendido como caos. Romanos y reyes bárbaros usaban el dragón en sus barcos o insignias militares para atemorizar Los héroes clásicos luchan contra él (Hércules, Sigfrido, San Jorge, Arcángel San Miguel), como símbolo de la eterna lucha entre el mal y el bien, lo que algunas religiones llaman carne y espíritu, o si se quiere, instintos y razón, barbarie y civilización, demonios y ángeles. El dragón es la tierra y el fuego, se arrastra como una serpiente, tiene garras de fiera, habita en las cavernas de lo primario, se relaciona con lo oscuro, la bestialidad, la crueldad desmedida y también, si se quiere, la desmesura. Lo interesante es que también el dragón se une a las pesadillas y al arte que se alimenta de oscuridad e inconsciente. No olvidar que el dragón custodia objetos preciosos, malvados como el oro del Rhin en la gesta germánico-nórdica y tal vez también la misma inspiración poética.
Por algo los símbolos luciferinos desde antiguo se mezclaron con la materia artística y con la poesía: y como arte es oxímoron y paradoja, la luz de la belleza se toca con dragones y tinieblas y con el primario mal-decir, así como las aguas del caos donde nada es preciso y todo es informe e infinito.
Jung observa que en el dragón hay serpiente y pájaro, símbolos terrestres y aéreos, suele tener escamas (agua) y estar relacionado con el fuego que es destrucción y purificación. Más conversaciones con la poesía y el arte en general.
Hay otras teorías en que el dragón simboliza el matriarcado y la mujer, la oscuridad y el peligro. En estas teorías el varón más primitivo no conoce sus poderes genitores y atribuye al parto un milagro puro, la mujer es diosa. Una vez descubierto el secreto de su participación reina el patriarcado, la mujer aparece como bruja, mentirosa, milagrera, hay que asegurarse el dominio sobre ella, la propiedad y la especie, donde el varón reina y despoja a la hembra de todo su reinado primario. 
Es como pasar, en esta mentalidad, del caos al orden. Entonces se entra en mundo del unicornio donde el falo del hombre está en la cabeza, allí su cetro: razón, espíritu. La mujer para este mundo de unicornios sólo puede parir seres carnales, desvalorizados. Zeus en cambio puede parir a Palas desde su cerebro: y Palas es las dos artes principales que son la sabiduría y la estrategia de la guerra. 
Esto es lo mismo que decir que el hombre es poderoso por su cerebro y produce espíritu: la mujer es relegada a la miseria cavernaria, al pecado, a la imbecilidad de lo bestial.
No obstante el dragón se resarce y esclaviza al espíritu o lo prepara para las bellezas del arte, lejos de las matemáticas y de una filosofía que se empantana en lo antropomórfico. El reinado del unicornio tambalea. La paradoja, la ironía, la ambigüedad y el malentendido crean algo absolutamente nuevo, fuera de los caminos del dragón o del unicornio.

Liliana Díaz Mindurry