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Misceláneas |
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Una Rebelión equilibrada: Albert Camus
¿Qué queda hoy del pensamiento de Albert Camus?
Dos volúmenes recientes de la Pleiade, presentan sus escritos siguiendo un orden cronológico y redescubre paso a paso el itinerario de un intelectual comprometido a quien la historia le ha dado la razón, tanto en sus combates contra los totalitarismos como en sus diferencias con Sartre. La realidad es lo único que para él no era moneda de cambio era la “verdad”, tanto fuera de izquierda como de derecha, para este francés nacido en Argelia, la verdad se antepuso siempre a las ideologías. Nacido en la miseria, enamorado del sol, jamás dejó de lado la parte sombría del mundo. Lejos de las etiquetas habituales y muy a menudo reduccionistas (el escritor del absurdo, el moralista bien pensante, el filósofo), rescató siempre al “hombre” antes que al concepto y relacionó siempre rebelión con equilibrio denunciando la tentación nihilista de la revolución pura.
Esta posición denuncia una audacia sin igual, Camus no perdió jamás el sentido de la graduación, sin importarle las tormentas políticas que lo rodeaban. Su combate fue siempre contra todo tipo de extremismo, posición que él explicita en sus reflexiones sobre el terrorismo y que hoy más que nunca sería necesario releer esta obra escrita bajo el símbolo de su gratitud hacia el mundo.
Susana Vilares
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Albert Camus: Premio Nobel
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Cuando Camus recibe en 1957 el premio Nobel, Argelia está en guerra. En su discurso pleno de agradecimientos, les recuerda a los miembros del jurado y al mismo Rey de Suecia las injusticias que en ese momento se estaban cometiendo, injusticias que caían sobre él y su pueblo. Hijo de Argelia, nacido en los suburbios, nacido de una madre que vivía de los trabajos domésticos y que era casi analfabeta, pero “cuyos sabios silencios”, recordó, lo enternecían; enturbiaban en parte ese momento. Su propio padre había muerto en guerra.
Asombró a los presentes la fidelidad por su patria cuando siempre había escrito en francés y para eso se había nutrido de la mejor literatura francesa. Racine y Pascal habían sido sus modelos, siempre dijo que los admiraba con envidia. Sin embargo, sus raíces eran árabes, aunque los árabes no formaran parte de sus ficciones, con excepción del Extranjero.
El sol intenso y el Mediterráneo ejercen sobre él una fascinación dolorosa y lo plasma en su obra. Nunca pudo explicar, ni explicarse, esa dualidad árabe y francesa que lo hacía sufrir.
Camus formó parte de una generación que tenía una mirada colonial pero que estaba unida por la lengua. No importaba si habían llegado de Mallorca, Malta, Kabilia o si eran judíos, habían adoptado el francés para comunicarse; seguramente a pesar de ellos.
Susana Vilares
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