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En
La Eneida se habla
de dos tipos de sueños: los que entran por la Puerta de Asta
(sobre la que aparece una vaca custodiando la entrada) y los
que entran por la Puerta de Marfil (vigilada por un elefante).
Por la primera entran los sueños premonitorios, por la
segunda, los sueños vulgares. Así que se distinguen sueños
verdaderos de falsos. En La
Odisea, Penélope observa que hay sueños torpes,
confusos, “no todos son verdaderos”. De esta idea aparece
el antiguo concepto de que el sueño mira a un mundo lateral y
en principio es verdadero.
Agamenón
confía que la toma de Troya será favorable, a través de un
sueño. Néstor, el “cortesano” de todas las épocas
observa que el sueño de un rey no puede ser falso. Sí, puede
serlo el sueño de un personaje irrelevante. Aquí la categoría
del sueño tiene que ver con la importancia social.
En
todo el mundo antiguo se habla de sueños enviados.
Pueden enviarlo deidades malignas o benéficas (según el
psicoanálisis el inconsciente nos enviaría sueños
verdaderos y por tanto sería, según esta creencia, una
deidad “benéfica” que nos permite el autoconocimiento).
En los grandes poemas míticos, Gilgamesh,
La Biblia, etcétera, hay sueños “enviados”, y en
algunos casos el sueño es un jeroglífico que habrá que
descifrar. Muchas sociedades primitivas
buscan y provocan sueños antes de tomar decisiones, como
hoy muchos utilizan el Tarot, que también debe ser
interpretado.
El
sueño siempre es un signo, para algunos de realidades
externas y para otros de realidades internas. Aristóteles y
Cicerón, en cambio, se dedicaron a
denostar su importancia.
En
paralelismo con La Eneida, Artemidoro distinguió los insomnium de los somnium,
distinción que recuerda los sueños falsos y los verdaderos.
Los primeros están influenciados por condiciones fisiológicas,
los segundos son alegóricos de sucesos futuros.
Respecto
de los significados las diferencias son profundas. Soñar con
una serpiente para un hebreo era la vida asegurada, para un
griego la presencia de enemigos o de alguna enfermedad, para
un egipcio, buenas noticias.
Algunos
personajes desarrollaron teorías o hechos a partir del azar
de un sueño. Así Descartes soñó que había recibido una
orden de Dios para dedicar su vida a la búsqueda de la Verdad
mediante la aplicación del método matemático. No sólo en
el siglo diecisiete. No hace demasiado tiempo Niels Bohr
atribuyó a un sueño el átomo de hidrógeno que lleva su
nombre y la idea del “hongo átomico”.
Otros
simplemente se preguntan que es sueño y que no es sueño y no
llegan a ninguna conclusión.
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