Física y Metafísica (parte I)
por Rubén Luis González

 

 


                                                                        
Bajo el rigor sucesivo, concatenados en la influencia propia del querer saber y del saber dudar, San Agustín (354 - 430 D.C. Argumento noológico), Santo Tomas de Aquino (1227 1274, Suma Teológica) y Renato Descartes (1596 1650, Discurso del Método, luego Meditaciones), calculan exhibir la presencia de Dios. Ninguna fe, el Cristianismo antes que otras, requiere estas sagacidades, bellas y pueriles, en tanto su carácter, deliberadamente, excluye la razón humana. Pero el hombre discute la fe que sueña. Un obispo, un teólogo y un matemático, sin duda filósofos y jamás escépticos (omitimos que San Agustín lo fue en su juventud), todos ellos nobles, profesaron la cultura griega con el objeto de conciliar los argumentos y la ley divina. 
El azar no es ingenuo. Contemplamos sabios y fechas ante el axioma sagrado. Nos interesa evadir las hipótesis que refieren a Dios, al extremo de argüir los sofismas. Después habrá tiempo, y una monografía para rebatirlos. En el presente, en esta poca idea, conjeturamos a Dios innegable. Y, San Agustín, Santo Tomás o Descartes serán breves, a excepción del ardimiento con que procuran silogizar el credo. 
La avidez por entender el alma desde la razón (validamos al espíritu), una fe a partir de causas, los instintos en polinomios, es nuestro eje. Más aún, el efecto. 


                                                                       II 
Sobre el uso discriminatorio, y vano al espiral que focalizamos, la ontología reniega de sí. Huera, marchitada, invoca a la ciencia, su hija menos querida. El silencio ontológico exalta la palabra de físicos y algebristas. Stephen Hawking (1942), cosmólogo y profesor en Cambridge, durante el epítome de su obra, A brief history of time, vaticina : “Si encontráramos una respuesta a por qué existe el universo y por qué existimos, sería el triunfo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios”. Raro especular en un técnico firme. Legitima al Dios que rehuye, pretendiendo serlo (¿qué es, sino, descubrir el pensamiento de Dios?). Contiguo al determinismo de Laplace (1749 1827) que el criterio de incertidumbre de Heisenberg (1901 1976) lapida, cuestión expuesta por Hawking en el mismo libro. Vuelto a la prudencia, en el capítulo final, escribe : “La ciencia se hizo demasiado técnica para los filósofos, y para cualquiera, salvo para algunos especialistas”, y recurre a Wittgenstein (1889 1951), acaso el metafísico preclaro del siglo XX, en su confesión : “La única tarea que le queda a la filosofía es el análisis del lenguaje”. 
¿Qué habrá sido del fervor en San Agustín, estéril y grande a la vez, por idear un puente desde el cielo a la lógica? Contra los maniqueos en el discurso; contra los vándalos en Hipona. 


                                                                    III
No extrañamos la iglesia inquisidora, responsable de cesar a Copérnico (1473 1543) y Galileo (1564 1642) para que el sol gire en derredor del mundo. Ni sostenemos convicción por fe alguna. Sólo nos importa los hombres que discuten la fe que sueñan. Aceptando el equívoco. Sólo nos importa los teóricos no divinizados. Incluyendo la segregación. Y Wittgenstein, arrepentido de su frase. 
Nuestra sangre conlleva la metafísica. La física, ahora inextricable, más sustancial, olvida el foso que envuelve la psiquis. Una y otra se reclaman. El azar no es ingenuo. Aristóteles (384 A.C. 322 A.C. Física) e Isaac Newton (1643 1727, Philosophiae naturalis principia mathemática) afirmaron el tiempo absoluto. Hawking devela a Römer (1644 1710), luego a Maxwell (1831 1879), como fiscales de Newton en sus aportes sobre la velocidad (constante) y propagación de la luz. A priori, añade : “Albert Einstein (1879 1955) es evocado por la creación de la teoría de la relatividad…en este nuevo sistema todos los observadores deben estar de acuerdo en lo rápido que viaja la luz, sin coincidir en la distancia que recorrió, por lo que discreparán en el tiempo empleado”. Si traducimos, Einstein acabó con la figuración del tiempo absoluto. “La teoría nos fuerza a aceptar que el tiempo no es independiente del espacio, sino que se combinan, formando el objeto ─ espacio-tiempo ─”. El palimpsesto de la física no acaba. Max Planck (1858 1947), Werner Heisenberg (ya citado), la relatividad y lo cuántico, el universo en expansión, finito y sin límites, su big bang, su big crunch, los infames agujeros negros, nos cautivan a imaginar otros párrafos. 
También Dios, quizás innegable. Y la avidez por entender el alma desde la razón (validamos al espíritu).

 

Física y Metafísica (parte II)
por Rubén Luis González

En la Biblia (Génesis Orígenes del mundo y de la humanidad La creación y la caída Primer relato de la creación), se hallan las siguientes palabras : “Dijo Dios: ”Haya luz”, y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó la luz de la oscuridad; y llamó Dios a la luz “día”, y a la oscuridad la llamó “noche”… Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para el dominio del día, y el lucero pequeño para el dominio de la noche, y las estrellas; y Dios los puso en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra, y para dominar en el día y en la noche, y para apartar la luz de la oscuridad; y vio Dios que estaba bien”. El teólogo cristiano suele recorrer los umbrales del Antiguo Testamento afirmando su carácter abstracto, y la hipótesis de que constituyen un género literario asonante al rastro de la época. En un decir llano : La marcha del conocimiento perturba a la teología que, agonizando en la modernidad, procura reestablecer sus manuscritos para evitar el absurdo. 
Y quizás, evitar, sea justamente aquello que no evita, sino predispone. 
¿Qué resultaría si la fe se ubicara como un sistema antilógico? 
De acuerdo a la metafísica reciente (metafísica del estar), lo único absoluto es que todo es relativo y, Dios, existe y/o no existe en función del criterio “estancia de relación”. No detallaremos el estancialismo, pero valoramos su aporte en términos de considerar factibles lo inepto y lo lógico, disyuntivamente. Su influencia es que, absurdo y razón, pasan a complementarse, al asentir la facultad de que el mundo y lo real sean imaginados desde lugares vírgenes. Entonces, ya no debería asombrarnos que Dios haya pretendido crear la luz, ni que realizara semejante acción utilizando, apenas, el lenguaje. Tampoco su obsesión por concebir la antinomia día-noche. Más aún : Dios, ya no debería asombrarnos. Porque todo es y/o no es posible según el tipo de sistema de referencia que se considere. A priori, vale aclarar que esta idea ha sido una lección ingrata y necesaria para la física. 
Citamos, una vez más, a Stephen Hawking (1942) en A brief history of time: “Werner Heisemberg formuló su famoso principio de incertidumbre. Para poder predecir la posición y velocidad futuras de una partícula, hay que ser capaz de medir con exactitud su posición y velocidad actuales. El modo obvio es emitir luz hacia la partícula. Algunas ondas luminosas serán dispersadas por la partícula, lo que indicará su posición. Según la hipótesis de Planck, no se puede usar una cantidad arbitrariamente pequeña de luz; se tiene que usar como mínimo un cuanto de luz. Este cuanto perturbará la partícula, cambiando su velocidad en una cantidad que no puede ser predicha. Además, cuanto con mayor exactitud se mida la posición, mayor será la energía del cuanto que se usará, entonces, la velocidad de la partícula resultará fuertemente perturbada. En otras palabras, cuanto con mayor exactitud se trate de medir la posición de una partícula, con menor precisión se podrá medir su velocidad, y viceversa”. Más adelante agrega : “¡No se pueden predecir los acontecimientos futuros con exactitud si ni siquiera se puede medir el estado actual de universo en forma precisa!”. Con respecto a los fenómenos cercanos a la luz, escribe : “En la mecánica cuántica, existe una dualidad entre ondas y partículas. Para algunos fines es útil pensar en las partículas como ondas, mientras que, para otros, es mejor pensar en las ondas como partículas”.
Nos preguntamos si Dios eligió crear una onda o una partícula. También nos confunde por qué Dios hizo la luz, de tal forma, que los hombres ven, gracias a ésta, lo que ya no existe. Relativamente, la luz puede ser tan negra como la oscuridad. Y, esa antinomia, un sarcasmo de Dios : el bien y el mal conmutables. 
Albert Einstein (1879 1955) predispuso la mecánica cuántica que, sin embargo, incomoda su teoría de la relatividad. Acaso por esto se negó a validarla, profesando el adagio : “Dios no juega a los dados”. Ignoramos a qué Dios y a qué dados se refería, pero nos permitimos conjeturar. Acaso, algún Dios, en determinado contexto, creó los dados y dijo : “Háganse los dados, y que Einstein juegue con ellos”. 
El azar es y/o no es ingenuo.