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Física y Metafísica
(parte II)
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| En la Biblia (Génesis Orígenes del mundo y de la humanidad La creación y la caída Primer relato de la creación), se hallan las siguientes palabras : “Dijo Dios: ”Haya luz”, y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó la luz de la oscuridad; y llamó Dios a la luz “día”, y a la oscuridad la llamó “noche”… Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para el dominio del día, y el lucero pequeño para el dominio de la noche, y las estrellas; y Dios los puso en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra, y para dominar en el día y en la noche, y para apartar la luz de la oscuridad; y vio Dios que estaba bien”. El teólogo cristiano suele recorrer los umbrales del Antiguo Testamento afirmando su carácter abstracto, y la hipótesis de que constituyen un género literario asonante al rastro de la época. En un decir llano : La marcha del conocimiento perturba a la teología que, agonizando en la modernidad, procura reestablecer sus manuscritos para evitar el absurdo. Y quizás, evitar, sea justamente aquello que no evita, sino predispone. ¿Qué resultaría si la fe se ubicara como un sistema antilógico? De acuerdo a la metafísica reciente (metafísica del estar), lo único absoluto es que todo es relativo y, Dios, existe y/o no existe en función del criterio “estancia de relación”. No detallaremos el estancialismo, pero valoramos su aporte en términos de considerar factibles lo inepto y lo lógico, disyuntivamente. Su influencia es que, absurdo y razón, pasan a complementarse, al asentir la facultad de que el mundo y lo real sean imaginados desde lugares vírgenes. Entonces, ya no debería asombrarnos que Dios haya pretendido crear la luz, ni que realizara semejante acción utilizando, apenas, el lenguaje. Tampoco su obsesión por concebir la antinomia día-noche. Más aún : Dios, ya no debería asombrarnos. Porque todo es y/o no es posible según el tipo de sistema de referencia que se considere. A priori, vale aclarar que esta idea ha sido una lección ingrata y necesaria para la física. Citamos, una vez más, a Stephen Hawking (1942) en A brief history of time: “Werner Heisemberg formuló su famoso principio de incertidumbre. Para poder predecir la posición y velocidad futuras de una partícula, hay que ser capaz de medir con exactitud su posición y velocidad actuales. El modo obvio es emitir luz hacia la partícula. Algunas ondas luminosas serán dispersadas por la partícula, lo que indicará su posición. Según la hipótesis de Planck, no se puede usar una cantidad arbitrariamente pequeña de luz; se tiene que usar como mínimo un cuanto de luz. Este cuanto perturbará la partícula, cambiando su velocidad en una cantidad que no puede ser predicha. Además, cuanto con mayor exactitud se mida la posición, mayor será la energía del cuanto que se usará, entonces, la velocidad de la partícula resultará fuertemente perturbada. En otras palabras, cuanto con mayor exactitud se trate de medir la posición de una partícula, con menor precisión se podrá medir su velocidad, y viceversa”. Más adelante agrega : “¡No se pueden predecir los acontecimientos futuros con exactitud si ni siquiera se puede medir el estado actual de universo en forma precisa!”. Con respecto a los fenómenos cercanos a la luz, escribe : “En la mecánica cuántica, existe una dualidad entre ondas y partículas. Para algunos fines es útil pensar en las partículas como ondas, mientras que, para otros, es mejor pensar en las ondas como partículas”. Nos preguntamos si Dios eligió crear una onda o una partícula. También nos confunde por qué Dios hizo la luz, de tal forma, que los hombres ven, gracias a ésta, lo que ya no existe. Relativamente, la luz puede ser tan negra como la oscuridad. Y, esa antinomia, un sarcasmo de Dios : el bien y el mal conmutables. Albert Einstein (1879 1955) predispuso la mecánica cuántica que, sin embargo, incomoda su teoría de la relatividad. Acaso por esto se negó a validarla, profesando el adagio : “Dios no juega a los dados”. Ignoramos a qué Dios y a qué dados se refería, pero nos permitimos conjeturar. Acaso, algún Dios, en determinado contexto, creó los dados y dijo : “Háganse los dados, y que Einstein juegue con ellos”. El azar es y/o no es ingenuo. |