ESPIANDO MI BIBLIOTECA

“Continuidad de los parques “ Julio Cortázar

¿Qué es lo que pretende el autor de “Continuidad de los parques” cuando nos enfrenta con esta primera palabra? Continuidad. Continuo. Intervalo de dos instantes cualesquiera, la continuidad del movimiento que nace del hecho de que aunque sean muy cercanas las dos posiciones, o los dos instantes, hay una infinitud de posiciones aún más cercanas, que ocupan puntos que demuestran aún más su cercanía. (Bertrand Russell). Pensamos en esto que parece un juego de palabras, en el carácter paradójico, porque en sí misma, la continuidad nos muestra lo variable, lo que cambia de posición, lo caprichoso, lo inestable, lo vacilante, lo separado, incluso este punto se hace más visible cuando escribe: Gozaba del placer casi perverso, de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba. Diría que desgaja caprichosamente lo que hasta ese instante el lector cree percibir. Supone que el nudo se resolverá lejos de sí mismo. 

Difícil de prever cuánto hay de subyacente, de oscuro, dentro del lugar donde el protagonista lee las últimas páginas de su libro. Nada hace pensar que se trata de un plan sombrío, menos al observar desde la ventana ese parque que uno puede identificar sin ningún tipo de escollo, de falso rumor: la brisa, los robles, el verde, la perspectiva. 

Cortázar hace que todo quede desgajado, no sólo aquello que rodea al protagonista, sino que separa también cada hoja, el parque, los amantes, para unirlo todo, al final, con maestría. Tal vez, conociéndolo, lleguemos a sospechar que tratará de urdir una intriga, un tejido; hilvanes que se enlazarán para que luego nos conduzcan a ese lugar desde el que se propone sorprender; aunque antes tiene la deferencia de advertir: A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido, de todos modos, no es posible, por más que se tenga, una colosal, atípica percepción, descubrir, finalmente, el puñal.
Cortázar nos aleja de ese lugar apacible, de ese lugar donde el protagonista disfruta las últimas páginas de una novela, nos proyecta hacia la cabaña, hacia el encuentro de los amantes, lo hace vertiginosamente, sigue mostrándonos la infinidad de puntos que se abren, que nuevamente aparecen desperdigados, y que terminarán por unirse en una trama sin fisuras: una especie de “contiguo”, en el sentido de que son continuas las cosas, de que sus límites se tocan y que del contacto se origina la unidad (Aristóteles). En otras palabras: hablar del tema de la continuidad de la ficción y de la ficción dentro de la ficción, es hablar del recurso de las cajas chinas, al que el autor recurre con frecuencia, como por ejemplo, en este cuento: el verde es utilizado como palabra de enlace de esos dos mundos laterales (verde del parque, verde del sillón). 

En la ficción dentro de la ficción se muestra no sólo el recelo de la mujer, sino la intensidad de su amor: Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, a ese amante que tenía la cara lastimada por el chicotazo de una rama. Él rechaza sus caricias: no había venido para repetir la ceremonia de una pasión secreta, obligándonos a unir a esta pareja fuera del contexto donde se encuentra el protagonista, apaciblemente, leyendo en su sillón de terciopelo verde.

Al límite del primer párrafo, el autor, aprovecha para ofrecernos esta metáfora sugestiva: Palabra por palabra absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, y nos obliga a desentrañar por nosotros mismos, el sentido del complot, ése que él sabe que no lograremos alcanzar fácilmente y en la última oración, más precisamente, en las últimas líneas, será develado. Él decide, cuándo, cómo, de qué manera nos va a sorprender y en un desarrollo mínimo, une los puntos que parecen desperdigados y de una manera despojada, pero contundente, lo logra.

Por otro lado, es importante señalar que en la obra de Cortázar siempre se encuentra el juego binario: El dos significa la guerra, que en este caso, concretamente, se manifestaría como paradoja, y que en vez de hacernos retroceder ante ésta temática que ronda muchas veces lo siniestro, lo hace con tal sensualidad, que se atenúa significativamente.

Sugiero, por último, si se sienten tentados a releer esta narración: cierren las ventanas, no miren hacia ningún parque, eviten los sillones verdes, no le den la espalda a nadie.