Una mirada sobre “El silencio” de Ingmar Bergman

 

Dice Bergman en El silencio: “Los poderes son demasiado fuertes para nosotros, me refiero a los poderes monstruosos”. ¿De qué se trata el poder? ¿Del hombre con el hombre? ¿De Dios con el hombre? ¿De lo indeterminado como forma de lo monstruoso? ¿No estamos cerca de esa Ley kafkiana a la que el hombre de campo no puede llegar y custodiada por infinitos guardianes? ¿Una luz inmortal de una Ley que es Sombra? ¿Una puerta fatalmente ideada para cada hombre?



           Se trata de tres personas que se detienen en una ciudad extraña, con un idioma extraño. Es como si fuera otro mundo, un mundo ajeno. Una mujer enferma, su hermana y el niño hijo de su hermana.
La masturbación de Ester y el idioma extranjero están al comienzo, y también la aventura del niño Johan con enanos y fotografías misteriosas, algo macabras. La relación de Anna con el camarero, sexo en silencio. Johan que no puede comunicarse con Ester porque duerme. Tarjetas que mira Johan en el idioma extraño, y la visión de un tanque. Malentendidos de Ester y Anna, discusiones que agravan la enfermedad de Ester. Alusión a los poderes monstruosos, y la eternidad mencionada por el padre de Ester y Anna. La muerte y la enfermedad que giran todo el tiempo. Un mensaje secreto que envía Ester a su sobrino y que éste en un tren no logra descifrar.
Se trata de un primer silencio, el más desolador: no hay ninguna comunicación entre las personas. Malentendidos, mundos separados, tanques que cruzan la ciudad, discusiones lacerantes.
¿También se plantea el silencio de Dios? Bergman, agnóstico, hijo de un hombre de fe, está siempre recorrido por esa búsqueda, donde la blasfemia es, sin duda, una forma de planteo de la angustia que le produce el tema teológico. Y la rebelión del hombre contra un Sentido perturbador o la posibilidad del mundo gratuito, absurdo, donde tampoco los humanos pueden coexistir. ¿Podrá Johan entender ese sentido? Parece imposible.
Por un lado se verifica la ausencia, por otro la presencia del modo más terrible, no se sabe si es peor la ausencia o la presencia
¿Podemos hablar de un pensamiento teológico o simplemente teoestético?
¿El planteo es que el silencio de Dios lleva absolutamente al ateísmo o a la rebelión?
¿Es más importante y crucial el silencio del hombre en su propio mundo, con el otro hombre, con el propio universo cultural?
Ese silencio y ese malentendido: ¿no son parte de un pensamiento teoestético o una nostalgia por el Sentido imposible? ¿Algo así como el pensamiento de Iván Karamazov: “Si Dios no existe todo está permitido”?
La imagen quiere dar cuenta de una ausencia o de una presencia ausente que es lo mismo. La paradoja de un silencio que da lugar a la libertad y a la angustia, a la vez. El silencio entre hombre y hombre es el sentido mismo del arte: cualquier arte reproduce de una forma o de otra la paradoja. Y la paradoja es finalmente: silencio.