Agustina María Bazterrica

 

Nació en Buenos Aires, Argentina en el año 1974. Estudia la carrera de Artes (Historia del Arte) en la Universidad de Buenos Aires y toma clases en el taller literario de Liliana Díaz Mindurry (Premio Planeta 1998).

Fue premiada en más de veinte concursos, entre los que se destacan: Segundo Premio en el Noveno Certamen Internacional Contextos 2006 de Relato Breve, Argentina; Mención en el Premio Casa del Teatro de Cuento, Santo Domingo, República Dominicana, 2006; Segundo Premio de la Fundación Lebensohn, Concurso “El otro, los otros”, 2005; Primer Premio en el X Concurso de Cuentos de Murchante, Navarra, España, 2005; Mención en el Premio Iberoamericano de Cuentos Julio Cortazar, Cuba, 2005; Primera Mención Honrosa en el II Concurso de Cuentos “Cuéntanos tu viaje” de Lan.com, Chile, 2005; Primer Premio en el I Concurso Macedonio Fernández de Narrativa y Poesía 2004, Lomas de Zamora, Argentina; Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuento 2004 de la Biblioteca Popular de Olivos, Argentina; Mención en el Concurso del Fondo Nacional de las Artes, 2003, Argentina; Finalista en el Concurso Nacional de Cuentos SADE, Argentina, 2000 y menciones en el Concurso Internacional de Cuentos Avon en los años 1998, 2003 y 2004.

Tiene varios cuentos y poesías publicados en antologías. Ha escrito su primera novela “Matar a la niña” y en el 2006 participó como jurado en el Concurso de Narrativa Macedonio Fernández III.  

Poemas y Cuentos publicados en Antologías

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Roberto

Tengo un conejo entre las piernas. Es negro. Yo le digo Roberto, pero se podría llamar Ignacio o inclusive Carla, pero le digo Roberto porque tiene forma de Roberto. Es lindo porque es peludo y duerme mucho. Le conté a mi amiga Isabel. Le dije: “Isa, hace poco me creció un conejo entre las piernas. ¿Vos también tenés uno?” Fuimos al baño de la escuela y se sacó la bombacha. Pero no tenía nada. Ella me pidió que le muestre a Roberto, pero me dio vergüenza y le dije que no. Se enojó y me dijo que ella ya me había mostrado y que yo era  una tonta y que no me creía nada de nada. Ella también es una tonta.

            Ayer Isabel le contó al profesor de matemáticas lo que yo le había dicho de Roberto. El profesor se rió y me llamó para que habláramos. ¿Es verdad lo que me dice tu amiga Isabel? No. ¡Si es verdad, yo sé lo vi! gritó la tonta. ¡Mi mamá me dijo que nadie puede tener un conejo entre las piernas! ¡Pero ella tiene un conejo negro! ¡Yo sé lo vi profesor! Le dije que era una mentirosa porque yo no le mostré nada. Le grité que era una tonta y una mentirosa y que ya no quería ser su amiga. Isabel se puso a llorar. No me dio lástima porque ya no es más mi amiga.  El profesor García se rió y le dijo a Isabel que se fuera a su casa que después él le iba a explicar algunas cosas. El Señor García se sentó al lado mío y me dijo: “Sos muy linda. Isabel no sabe nada, vos no le hagas caso.” Me dio un beso y después me dio otro beso más. Me dijo que mañana después de clases quería ver mi conejito. Me dijo que lo quería ver para enseñarle a portarse bien.

            Lo esperé. Me dijo que lo acompañe al baño porque nadie tenía que enterarse de nuestro secreto. ¿Cómo se llama tu conejo? Roberto. ¡Qué nombre más raro para un conejo! ¿Lo puedo ver? Me da vergüenza. Se sentó al lado mío y me dio muchos besos y me dijo que yo era su alumna preferida y que era la más linda. Mostramelo, sé buenita. Yo no le voy a contar a nadie. Me hablaba mucho y  me miraba, y no hablaba como cuando está en clase porque me miraba mucho  y me agarró las manos y me dijo que me levante la pollera. “Mostrame tu conejito Roberto” me dijo, pero yo le dije que no le gusta que le digan conejito porque ya creció y es grande. El Señor García me sacó la bombacha mientras me daba besos en la cara y en el pelo y en la boca y me decía portate bien nenita que tu profesor te va a enseñar muchas cosas. El Señor García se quedó quieto, con la boca abierta mirando a Roberto. El Señor García se quedó tan quieto que pensé que estaba jugando a las estatuas. Roberto movió las orejas y le mostró los dientes. El Señor García gritó y se fue corriendo. Roberto se volvió a dormir.