ENSAYOS

La maldición de la literatura
Diciembre 2007(fragmento)

por Liliana Díaz Mindurry

It is a tale/ Told by an idiot, 
full of sound and fury,/ Signifying nothing

Macbeth, Acto V, Escena V


Macbeth lo anunciaba y hablaba de la narración de un idiota, Benjy de Faulkner intenta producir literariamente la imposible narración del idiota metafórico de Shakespeare. No hay pensamiento organizado en palabras en un idiota sino sólo chillido animal de angustia, pero a Faulkner no le importa: su mentira se organiza en una desorganización ordenada e imposible. La estructura prelógica del indecible pensamiento de Benjy se ordena en metáforas, sinestesias (olía el frío resplandeciente) pero tomadas en sentido literal. Se sale del frío brillante y se entra en el frío oscuro, la luz desciende por las escaleras, el plato se va por sí mismo, se mueven las sombras, las escaleras suben por la luz de la luna, las sombras llegan a los árboles antes que las personas, hay otro fuego en el espejo, el fuego está en los ojos de la niña Quentin, el suelo no se está quieto, sube. Lo que parece poesía es una especie de pretendida reproducción de un lenguaje prelógico. Estamos en las cimas del Mal-Decir como antes lo había hecho Joyce, intentando decir en palabras en una especie de antidiscurso el pensamiento sin palabras, lo que se siente confusamente sin verbalización, ese mundo de percepciones, recuerdos, asociaciones fónicas o de cualquier naturaleza, proyecciones, fantasías en esa ficción de un lenguaje que fluye. Ni el pensamiento fluye en palabras como en los monólogos interiores de Joyce y Faulkner ( dos de junio de 1910), ni un idiota puede pensar en estructuras gramaticales de ninguna índole por más transgresivas y desordenadas que sean, aunque tal vez sienta en sinestesias y metáforas animistas. Sin embargo la belleza está al alcance de la lectura. Es imposible no estremecerse ante Benjy Compson.
¿No habíamos dicho que el lenguaje es un abismo? ¿Qué mayor abismo que este lenguaje bellísimo de un hombre no racional, de un caótico, de un idiota?
El escritor está muy cerca de ese no pensamiento, en ese Mal-Decir de palabras indecibles del “idiota que narra un cuento lleno de sonido y furia que nada significa”. Su luz es la de la noche y la iniciación del caos, se compadece de sí mismo y en esa compasión compadece a sus personajes, a su propio lenguaje: lo padece hasta el fin. Nadie canta con más pureza que los que permanecen en el más hondo infierno: sí, por supuesto, Kafka. Escribir es caer hacia lo alto: el abismo del cielo.
No hay querer y allí tal vez no esté la Casa del Ser pero sí esa serenidad que nombró Heidegger. En ese lugar no hay representación. Hay violencia (furia), música (sonido), rumores que no significan (ruido).
¿Hay realmente una maldición en el lenguaje? Sí, en cuanto sistema útil, no en cuanto se extrema esa maldición hasta desactivarla. Una amenaza siempre flota en el mundo. Nadie la nombra, salvo el escritor: él saca esta amenaza al aire libre y es como decir: éste es el lobo feroz (un lobo sin cara), esto es eso monstruoso que puede convertirse en locura, lo nombramos, decimos todo lo malo del decir, todo el sonido y la furia que guardamos dentro de nuestro corazón, ese loco o idiota que hay en nosotros, ese pensamiento sin pensamiento que nadie sabe de dónde viene ni adónde va como el Espíritu que sopla donde quiere. Entonces Yago puede decir parodiando un antidios: “no soy el que soy”, y el ingenuo mundo de Benjy donde se sale del frío brillante y se entra en el frío oscuro puede volverse el universo de la traición o el aire del crimen o las manos que Lady Macbeth no podrá lavarse o la escritura que escribe por sí misma.